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jueves, 12 de enero de 2012

Fábricas del sujeto, ontología de la subversión (Toni Negri).

¿Cómo pensar la madurez sistémica de las sociedades actuales? ¿Cuáles son las potencialidades últimas de análisis marxiano de la modernidad que son susceptibles de ser utilizadas en la era posmoderna, en la que nos introduce inexorable el actual caos del sistema-mundo capitalista? ¿Qué sentido tiene reivindicar la potencia constituyente del trabajo vivo para diseñar nuevos dispositivos constitucionales de organización de la vida política que incrementen los contenidos democráticos de la forma Estado actual en un entorno definitivamente posnacional? ¿Cómo se conjugan teórica y políticamente los conceptos de antagonismo y subsunción real, así como los de tiempo y subjetividad, en el horizonte de una política radical y transformadora? En este libro, que abarca dos décadas de trabajo teórico y filosófico, Antonio Negri ofrece respuesta a estas preguntas. En sus páginas recoge los protocolos filosóficos que ha utilizado para analizar el antagonismo de la fuerza de trabajo y su constitución política en las sociedades capitalistas, al tiempo que traza hipótesis fundamentales para elaborar un diagnóstico de la coyuntura presente y construir una crítica de los paradigmas teóricos conservadores, liberales y socialdemócratas.

Link de descarga: http://www.mediafire.com/?2rue5vu33t782c8

jueves, 6 de octubre de 2011

Commonwealth - Negri and Hardt.

Commonwealth es el tercer título de la trilogía dedicada por Antonio Negri y Michael Hardt a la mundialización capitalista. El primer volumen, Imperio, examinaba los aspectos constitucionales de la nueva figura de la soberanía representada por el Imperio como forma política del capitalismo mundializado, el segundo volumen, Multitud, se centraba en la descripción del sujeto antagónico interno al Imperio, este tercer volumen pretende perfilar las modalidades materiales de una nueva constitución que supere el capitalismo y el Imperio a partir de un “comunismo de los comunes” que se asocia al viejo término de “Commonwealth”. La recepción de este nuevo libro no ha estado marcada ni por el entusiasmo con que se recibió Imperio, ni por el silencio que acogió a Multitud, sino por una crítica durísima por parte de la derecha y de la socialdemocracia neoliberales. Así afirma el Wall Street Journal (7.10.2009) que “Commonwealth es un libro oscuro, malvado, y es inquietante que aparezca bajo el prestigioso imprimatur de Harvard University Press. Incontables millones de personas fueron masacradas por secuaces de Karl Marx en el siglo XX. Dios nos asista si regresa este azote en el siglo XXI” y sostiene elIndependent a propósito de Commonwealth y de la última obra de Slavoj Zizek que “Una de las ideologías más desacreditadas de la historia está regresando – no ya como una fuerza política sino como una mercancía en el mercado.” El libro parece pues haber enfadado, no sólo por motivos incluso aceptables -su farragosidad y sus repeticiones, tanto internas como respecto de los dos volúmenes anteriores- sino sobre todo por su afirmación de la actualidad de una hipótesis revolucionaria anticapitalista desplegada en múltiples instancias. Ciertamente esta afirmación sigue siendo bastante abstracta, pero es lo suficientemente enérgica para empezar a inquietar a quienes pensaron que la línea de mercancías iniciada con Imperio se quedaría en una moda inofensiva, que incluso podría aplaudirse en la medida en que parece apoyar la mundialización. Nos detendremos sólo en algunos aspectos de este libro “oscuro” y “malvado” para mostrar que está escrito desde un lugar donde para muchos integrantes de la derecha como de la izquierda “huele a azufre”. Buena señal.

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De la huelga salvaje a la autogestión generalizada - (Raoul Vaneigem)

Raoul Vaneigem podría pasar por ser un autor anómalo, especializado en nadar contra la corriente. En realidad, sin embargo, se trata de otra cosa: Vaneigem sólo nada contra-corriente porque la corriente que recorre es una bien distinta, que comparte con la que el transcurso de los días nos presenta el caudal y el curso, pero que discurre en un sentido inverso al de aquella: no hacia la desembocadura y la muerte sino hacia las fuentes y el resurgir continuo de la vida. Una corriente que no busca situarse por encima de nadie sino, precisamente, que nadie pueda situarse por encima: un mundo de amos, pero sin esclavos. Así, mientras que otros han apostado por lanzarse a la corriente de la promoción personal y por la construcción espectacular de una imagen de marca que les permitiese medrar de manera adecuada, Vaneigem ha optado por el rechazo de la promoción en nombre del tiempo y del goce, por el rechazo de la supervivencia y del universo mercantil en nombre de la gratuidad, de la exuberancia y de la relación simbiótica con una realidad entendida como manifestación continua de la vida.

Lea

Acumulación por desposeción (David Harvey).

La larga supervivencia del capitalismo, a pesar de sus múltiples crisis y reorganizaciones y de los presagios acerca de su inminente derrota provenientes tanto de la izquierda como de la derecha, es un misterio que requiere aclaración. Henry Lefebvre pensaba que había encontrado la clave del mismo, en su famosa idea de que el capitalismo sobrevive a través de la producción del espacio, pero no explicó exactamente cómo sucedía esto1. Tanto Lenin como Rosa Luxemburgo, por razones muy distintas, y utilizando también diferentes argumentos, consideraban que el imperialismo –una forma determinada de producción del espacio– era la respuesta al enigma, aunque ambos planteaban que esta solución estaba acotada por sus propias contradicciones. En los ‘70 traté de abordar el problema mediante el análisis de los “ajustes espacio-temporales” y de su rol en las contradicciones internas de la acumulación de capital2. Este argumento sólo tiene sentido en relación con la tendencia del capitalismo a producir crisis de sobreacumulación, la cual puede entenderse teóricamente mediante la noción de caída de la tasa de ganancia de Marx3. Estas crisis se expresan como excedentes de capital y de fuerza de trabajo que coexisten sin que parezca haber manera de que puedan combinarse de forma rentable a efectos de llevar a cabo tareas socialmente útiles. Si no se producen devaluaciones sistémicas (e incluso la destrucción) de capital y fuerza de trabajo, deben encontrarse maneras de absorber estos excedentes. La expansión geográfica y la reorganización espacial son opciones posibles. Pero éstas tampoco pueden divorciarse de los ajustes temporales, ya que la expansión geográfica a menudo implica inversiones de largo plazo en infraestructuras físicas y sociales (por ejemplo, en redes de transporte y comunicaciones, educación e investigación) cuyo valor tarda muchos años en realizarse a través de la actividad productiva a la que contribuyen.

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lunes, 3 de octubre de 2011

La fábrica de la infelicidad - (Franco Berardi).

En el último decenio hemos visto sucederse con vertiginosa rapidez tres fases diferentes: el ascenso de una clase social ligada a la virtualización, que halló su triunfo en la impresionante subida de las acciones tecnológicas en la Bolsa; la crisis ideológica, psíquica, económica y social del modelo de la new economy; y por último la precipitación de la crisis y su revés angustioso en forma de violencia, guerra y militarización de la economía. En los últimos años, todos han empezado a darse cuenta de que el neoliberalismo no es el más perfecto de los programas políticos, de que el mercado no se corrige a sí mismo, y de que la mano invisible de smithiana memoria no es capaz de regular los procesos sociales y financieros hasta producir una perfecta autorregulación del ciclo económico. Se ha hecho evidente que la infoproducción no es ese reino de la felicidad y de la autorrealización que la ideología había prometido como premio a los que trabajan en la economía de la red, en las condiciones de continuo estrés competitivo de la empresa fractal individualizada. La promesa de felicidad y autorrealización en el trabajo estaba implícita en el edificio discursivo e imaginario de la new economy. Esta promesa se marchitó: la crisis financiera de las acciones tecnológicas hizo estallar un malestar que hasta ese momento fue ocultado y calmado con masivas dosis de sustancias -financieras y psicotrópicas. Ese malestar no se ha podido mantener oculto al quedar claro que las inversiones disminuían y, con ello, desaparecería el incentivo para aplazar toda reflexión, todo relajamiento y toda profundización.

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